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Mostrando las entradas de febrero, 2009

Cineastas de recital

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Como joven adolescente que soy (?), disfruto de los conciertos de rock en vivo. Saltos, pogo, y ése tipo de liberación de adrenalina es necesaria. Sí, así es, soy un rockero de la primera hora y punto. En fin, todo esto a cuento de que hace unos días fuimos con unos amigos a un recital en la Fiesta Nacional de la Manzana -General Roca city-, donde tocaron Babasónicos y la Bersuit Vergarabat. No he visto jamás una demencialidad más grande en la vida que filmar un concierto con un celular. O sea... ¿para qué? Juro que no entiendo por qué había centenares de perturbados filmando como si estuvieran transmitiendo en vivo los MTV Video Music Awards. Sépanlo: ESO NO SE HACE. El celular es para hablar y mandar mensajes. Si querés filmar el concierto, agarrá una filmadora, nefasto. Lo que me inquieta, luego, es ¿qué hacen con ése video? ¿Lo ven en esa pantalla minúscula y ruin? ¿Lo envían a un canal de cable local clandestino? ¿Se lo muestran a amigos? Me desmayo. Cómprense un DVD de estas band...

Baratijas

En el día de la fecha, me hice acreedor de una tarjeta de crédito que tiene lindo diseño, pero por la cual no daba ni dos centavos de austral. Movido por la necesidad, me dirigí raudo a una casa de venta de electrodomésticos a comprar una lavadora (?), porque el lavarropas que tenía no daba ni un poco, el laverrap me estaba arruinando la vida y la ropa, y lavar a mano es lo más cercano a la esclavitud que he padecido. Me encontré con todos lavarropas con precios superiores a los dos mil pesos. “¿QUÉ ONDA?”, pensé. Y justo me topé con uno de razonable costo-beneficio. Se acercó un vendedor y me contó sobre las maravillas que hacía el aparetejo. “Ok, ok, lo llevo, pero por favor callate”, rogué. Vi un cartel que decía que con mi tarjeta había veinte por ciento de descuento y hasta veinticuatro cuotas sin interés . Me pareció conveniente y fui a por más. Se me ocurrió que me podía venir bien una tabla de planchar. El vendedor me ofreció una que me simpatizó, pero ahora la miro y la veo me...

De cómo quiso morir el novio de Valentina

En este blog y junto con mi amigo el doctor hemos ensayado axiomas sobre cómo queremos quitarnos la vida ante diferentes situaciones que nos arruinan la vida y la convierten en el averno en sí mismo, como que no nos ande el MSN, que haga demasiado frío, que haga demasiado calor, que una vieja se quede tres horas en un cajero experimentando con la tecnología, que se corte la luz mientras ves una peli, etéctera. En fin: cosas sustanciales de la vida. Así, hemos propuesto: - Tirarte de palito adentro de un volcán en plena erupción. - Arrojarte debajo de un ramal de colectivo y que te quedes enganchado en el guardabarros durante 10 kilómetros. - Desear que se desmorone el edificio donde trabajás/estudiás. - Pedir que se te caiga el ascensor cuando estás en el último piso. - Beber vino hasta caer en coma etílico y desfallecer. - Liquidarte en una boca de tormenta en plena tormenta. - Meterte en un local de cumbia villera y desvanecerte sólo por eso. - Y muchas más. Pero el intento del novi...

Veinte-veinte

No sé qué cerebro iluminado habrá inventado esta demencialidad tan descomunal que no tiene nombre, pero si llego a agarrar a algunos de mis amigos mandando CHISTE, VECINA, CATRE, RUNAS, TAROT o alguna taradez similar al 2020, me practicaré un harakiri en pleno aire, no sin antes desearles lo peor y deseando que a los mogólicos del 2020 se les derrumbe la casa clandestina que deben tener para desarrollar la empresa del horror que tienen. He dicho.