jueves, 25 de abril de 2013

Manija manija


Es algo vergonzoso, pero ayer manejé por primera vez en mi vida. Fue durante una salida laboral, estábamos atravesando un sector muy amplio y sin vehículos, por lo cual el chofer, Daro, que es instructor de manejo me dijo –Lolo, dale, esta es la oportunidad para que practiques.
Íbamos con otra compañera de trabajo, Moni.
Debo decir que, si bien no estoy para el Grand Prix de Mónaco, me manejé muy bien al volante, llegando a ir en tercera.
Lolo: estoy  re contento con mi performance al volante, pensé que chocábamos o que íbamos a tener un accidente. Soy re feliz.
Moni: Bueno, tampoco es que andábamos en la Quinta Avenida, Lolo. Estábamos en una calle de 100 metros de ancho y sin autos, el mayor accidente que podías tener era chocar un médano de arena.
Lolo: Awww! Gracias, Moni, vos sí que sabés cómo motivar gente.

La próxima vez agarro por un barranco a 240. Quinta Avenida… Pfffff!

martes, 20 de marzo de 2012

Almuerzos desorientados


Salís a comprar algo para el almuerzo cual beduino bajo el sol radiante de las 2 de la tarde. Llegás, decidís. Vas a pagar y te das cuenta de que te olvidaste la plata. Volvés a la oficina a buscar los dineros (beduino-sol-2pm again) retornás a por tu comida ((beduino-sol-2pm por 3), pagás, te vas y a la media cuadra te das cuenta de que te olvidaste la comida. 

AY QUÉ, COMO SI NUNCA LES HUBIERA PASADO, FORROS.

martes, 24 de enero de 2012

Os Argentos

Los argentos, en general, son una etnia proveniente de ciertos lugares de la ciudad autobomba de Buenos Aires y zonas aledañas que con su complejo de ombligo del mundo pasan fácilmente como bananas, siendo seres totalmente detestables y repugnantes. Pero sus actitudes trascienden las fronteras. 

En un apacible viaje que realicé a Florianópolis, Brasil, tuve la mala suerte de cruzarme en reiteradas oportunidades con Os Argentos, la versión turista de los seres descriptos en el primer párrafo. 

 Sin siquiera importarles, como mínimo, la cultura azoriana del lugar, se comportan como verdaderos simios y ni siquiera hacen un esfuerzo de decir “obrigado”, sino que sacan a relucir toda su arrogancia con su acento porteño marcado para maltratar a todo el mundo lusoparlante. 

 Si hubiera tenido en mi poder una ametralladora y licencia para matar por un par de horas, habría realizado una limpieza de las playas del norte de la isla al ritmo de la samba, el sertanejo y la bossa nova. Y algo de murga, por qué no. 

 Como verán, esta gente despierta en mí un espíritu asesino sólo comparable con el que me despiertan los malditos brasileños que en invierno invaden la cordillera argentina, a quienes acribillaría al son de una buena chacarera trunca.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Río Gordo


Quiero contarles sin parar que en el día de la fecha fui al tradicional balneario “Río Grande” de esta ciudad porque el día se prestaba. Creí tontamente que podría distraer mi aguda mente de las tribulaciones cotidianas. Pero no, me la pasé todo el tiempo indignado con ese balneario que debería ser dinamitado inmediatamente por las razones que expongo a continuación: 

-Se trata de un páramo desolado que bien podría ser el mismísimo Valle de la Muerte. Estimo, incluso, que con piedras en la “playa” un poco más grandes. Okay, está al lado del río, pero eso no le quita el mote de páramo porque no hay ni tan siquiera un helecho que dé sombra. 

 -Estaba atestado de chetitos en el sector ribereño y de jipis/etnias varias en la parte más alejada del río. Un contraste interesante, no veía las horas de que la horda superior arremetiera contra los chetos o a la inversa. Increíblemente ambos grupos, se ve, conviven a la perfección. 

 -Los vendedores ambulantes, en lugar de ofrecer helados o algo para mitigar la sed, pasan con unas bandejas gigantes llenas de churros con dulce de leche, bolas de fraile y pasteles de membrillo que deben estar compuestos en un 85% de grasa. Espeluznante bajo todo punto de vista. 

 -Los guardavidas municipales. Antes que me rescate uno de ellos prefiero que me lleve el Limay. No sé, qué se yo, si no conseguías laburo en el matadero municipal, o en la carnicería del barrio NO te presentes como guardavidas. Creo que si alguno de esos obesos luciendo mallas escandalosas flúo toca el agua, muere automáticamente. Dios mío, somos el quinto mundo. 

Por favor, señor intendente. Líbrenos de este mal. Ya mismo alambre el perímetro, ponga arena y mientras crecen los cocoteros y las palmeras ponga, al menos, una mediasombra. ¡Gracias!

sábado, 3 de diciembre de 2011

La ancianitud al palo

Estamos hablando con mi amigo Cristian de cuánto nos molesta que los adultos mayores -ALERTA EUFEMISMO- tengan prioridad para todas las cosas.
Como estos señores no tienen NADA mejor que hacer copan todos los lugares posibles donde, obligadamente, hay que darles prioridad. Así, se quedan con las mejores ubicaciones, primeros en la fila o sin hacer fila... porque no sé, resulta que tener 100 años es un mérito o algo (denme algo que me desvanezco).
Porque claro, si el mundo se acabara mañana, SEGURO les seguirían dando preferencia. Incluso cuando ya vivieron cosas de más y uno todavía no. Basta de este flagelo: Hay una grave discriminación hacia la sociedad en su conjunto por parte de esta horda que se nos cierne como amenaza a la nueva generación
Ni hablemos de esos que copan los cajeros automáticos a ver "cómo es esto de la tecnología...". De la nada, automáticamente, te convertís en un rehén que debe respetar a un viejo que quiere practicar cómo pagar una factura de luz, cuando vos necesitás extraer guita para pagar todas tus deudas.
No doy más, necesito que el Estado haga lago. Presidenta: por algo la votamos. HAGA ALGO y hágalo ahora.

viernes, 7 de octubre de 2011

Sobre cómo ir a la República de San Luis.

Voy a comprar un pasaje a la República de San Luis. Me dicen que quedan 7 lugares y que llega a destino a las 4 de la mañana. Me comunico con San Luis para ver cómo llego. Me dicen que me van a buscar. Pido el pasaje. Me dicen que sólo quedan 3 lugares. Maldigo. Pido una poltrona cualquiera. Me piden datos. Los doy. Me dicen que se les acabó el cupo de venta. Me horrorizo. Los maldigo. Vuelvo a mi hogar. Le saco la bici a mi hermana y salgo raudo a la terminal. Me dicen que están agotados los pasajes. Le lloro. Me dice que puedo comprar en dos tramos. Le digo que bueno. Me dice que me sale 100 pesos más. Le digo que llame al encargado. Me dice que es él. Le digo que es un enfermo mental. Me echan. Me retiro. Pregunto en todas las ventanillas por pasajes a Puntania. Consigo uno con combinación en San Rafael. Sale una fortuna. Me hago el estudiante. Me dan descuento del 20%. Lo compro. Me piden credencial universitaria. Miento diciendo que me la olvidé junto con el DNI. Me niegan el descuento. Lloro y miento sistemáticamente, incluso diciendo que soy puntano. Me siento el peor. Me dan el descuento. Me siento el mejor. Chau, me fui.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Saliendo de la izquierda

Fiel a mis convicciones políticas, voté en las primarias la fórmula presidencial Altamira-Castillo.

Pero quiero comunicarte, Jorge, que no te voy a votar el 23 porque no estoy de acuerdo con la política de que te inyectes botox y colágeno como si se te fuera la vida en ello, y mucho menos que mandes a la lesbiana vieja de Christian Castillo a Neuquén a hacer campaña presentando un libro ruin.

Basta de milagros, Altamira! Además te llamás José Wer­mus, farsante. Dejame vivir.

Fin de la alianza Lolo-Frente de Izquierda.