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Mostrando las entradas de mayo, 2010

Breves laborales

Me llamaron desde mi antiguo empleo para decirme: “Necesitamos pedirte que te disfraces de Cornelio Saavedra y repartas escarapelas en la víspera del 25 de mayo, de onda... ¡son sólo dos horitas!”. Lancé una carcajada de una magnitud tan descabellada que todo el mundo a mi alrededor me quedó mirando y finalmente me cortaron la comunicación. Espero haber sido claro. Mi vida no tiene sentido. En el laburo me confundieron con dos sujetos a los cuales odio profundamente y que espero estén leyendo estas líneas para que sepan el desprecio que siento hacia sus personas. Igual me sentí entre ofendido y con poca personalidad. “Si no te miro, creería que estoy frente a M.”. Deseé que se me cayera la antena de transmisión en ése mismo momento. Encontré una rotisería que vende comida excelente a precios irrisorios. Me asaltan dos sentimientos contrapuestos: la felicidad porque esa rotisería es todo y la preocupación porque con esos precios seguramente se fundan pasado mañana o el viernes. Si llega...

Ataque Ray Bam

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Este año perdí dos pares de anteojos de sol. Eran caros y me molestó mucho perderlos, más teniendo en cuenta que el año pasado perdí otros. Entonces decidí que como se me pierden muy fácilmente es mejor comprar esos baratos de la calle que se ven más o menos dignos. Compré unos en marzo y ayer compré otros porque los de marzo, previsiblemente, se me perdieron quién sabe dónde. Estaba contento porque me habían salido apenas 30 pesos y son muy regios (y los perderé en breve, naturalmente). Pero, cuestión, que los usé para un evento extremo: andar en bici durante 60 kilómetros por el medio del desierto patagónico. Durante el tramo de regreso, la mezcla calor-transpiración hizo que se soltara el pegamento en el “vidrio” derecho que se metió directamente entre mis pestañas, pegoteándome el ojo y haciendo trabajar al saco lagrima de forma demencial. O sea, está bien que la inversión no haya sido LA inversión, pero no está bien que me ataquen unos miserables lentes de sol de 30 pesos. No lo v...

Viejo Justiciero o Gente que Busca Gente

Mientras quien suscribe viajaba desde General Roca hacia Neuquén por trámites académicos, me toca en suerte como vecina de asiento una sujeta totalmente berreta, con el pelo teñido amarillo huevo, grotesca por donde se la mire con un celular que jamás me compraría (esos de más de mil pesos que solamente este tipo de gente se compra) escuchando con los altoparlantes Wisin & Yandel a un volumen demencial. Un señor mayor que estaba sentado en la butaca contigua, luego de 10 minutos de viaje y con cara de hastío rompe en cólera y le dice, esforzando simpatía: “Disculpame, Anormal , ¿no tenés un par de auriculares así no nos arruinás la vida a todos?”. Ése buen hombre tiene que ser mi abuelo, no le encuentro otra explicación.