Piquetito de ojitos
A veces, el simple hecho de ir por una picazón de ojos al oculista se puede convertir en el calvario más atroz que un ser humano pueda soportar en la vida misma. Por caso, me dieron un turno a las 18.15 horas. Cinco minutos antes del encuentro fui hasta el lugar, la secretaria toda sonriente me recibe, pasa la tarjeta del seguro social al cántico de “ enseguidita te atiende el doctor ”, y me cobra los 27 pesos de la consulta. El enseguidita se convirtió en varios minutos y yo dudaba de si el oculista en realidad existía o si era un producto de la imaginación de la sonriente secretaria que seguía recibiendo pacientes. No había revistas. Estaba prendida la tele y pasaban Intrusos y luego comenzó Infama, a un volumen infernal (claro, como somos todos miopes nos enloquecen con el sonido a ver si entendemos estos programas de alto nivel cultural). Me aislé e intenté jugar a los juegos del celular pero es algo que jamás podré hacer. Un rencor hacia la secretaria se apoderó de mi ser. -Discul...