Uruguay veinte diez



*Como confío ciegamente en el sistema de transporte público de pasajeros de Argentina, llegué a la terminal de ómnibus de Cipolletti (a 5km de Neuquén) 15 minutos después de la salida y aún así llegué temprano.

*El insomnio me ataca de forma especial en los viajes. Apenas sonó el reloj de las 0 horas dormité apenas hasta las 9.30 am.

*En la Gran Ubre de Santa María de los Buenos Aires nos esperaban éste sujeto y Meli. Atinadamente, el mencionado primeramente nos llevó a almorzar a Natural Deli. Comer ahí es un derecho humano.

*Por la noche, como nos pareció que habíamos comido muy sanamente al mediodía, sucumbimos ante una cadena de comida chatarra para mantener el equilibrio de la naturaleza.

Natural Deli: un deber moral

*Baires estaba espléndida: 30 grados que se sentían como 70 y caminatas demenciales que nos dejaron con un severo cuadro de deshidratación.

*Después de observar la Gran Ubre desde el Eladia Isabel fuimos a pernoctar unos minutos. Las butacas en clase turista eran muy incómodas, así que nos arrojamos en las de First Class y despertamos con un mareo que cómo te explico.

*La aduana uruguaya es un chiste fácil. No sé por qué no blanquean que somos el mismo país y ya.

*La ruta de Colonia a Punta del Este es tan linda y todos manejan tan bien que ahí me di cuenta de que sí era otro país.

*Punta del Este es como un país dentro de otro país que se llama Maldonado, cuya capital es otro país que se llama Montevideo.

*Las playas son increíbles. Al ser baja temporada estaba lleno de tías Martas y de abuelas Beatrices. ¡Fantástico!

*Rentamos unas bicis y nos fuimos a recorrer millones de playas. Luego del fantástico recorrido bajo un sol radiante conseguimos unas lindas quemaduras grado 4.

Atardecer en La Mansa, Punta del Este

*Por esas cosas del calentamiento global o algo, había una invasión de mosquitos y los repelentes estaban agotados. Quedamos con ronchas de 5 centímetros de radio. No sé qué era mejor, si eso o una buena varicela con sarampión.

*Dejando atrás el glamour oriental nos fuimos a la rústica Punta del Diablo. Hermosa por donde se la mire: playas interminables y una densidad de 0,00000001 personas por kilómetro cuadrado.

*En la playa de la Viuda el mar me dejó sin chores. En playa del Rivero y la Grande incrementé el nivel de bronceado a modo subsahariano grado 9.



*Como el mundo es un pañuelo, me encontré con una amiga de años. Nos invitó a comer un arroz con camarones deliciosos que bajamos con el ron que me compré en el Duty Free de Buquebús. Nos reíamos de los mosquitos inclusive.

*Fuimos hasta el Chuy y o Chuí Brasil, un pueblo deplorable y al que le deseo lo peor, pero en el que venden cosas lindísimas sin impuestos a centavos de dólar. Felicidad.

*El Parque Nacional de Santa Teresa le dio el toque bucólico-desestresante al viaje. Naturaleza, plantas y peces nos dejaron el estrés en -70.

*Volvimos caminando hasta Punta del Diablo y nos perdimos, lo que elevó el estrés a 700 con picos de 930 cuando comenzó a oscurecer. Al llegar a la playa Grande, el índice se estabilizó en parámetros normales.

*Con un poco de pena dejamos el rancho y partimos hacia Montevideo. Sin mucho por ver en la capital, lamentamos no quedarnos un día más en el mar.

Descansando en MVD


*En Colonia del Sacramento respirás una paz increíble. En la ciudad histórica te asombrás con cada adoquín. Fue el lugar perfecto para terminar el viaje. Claro, si no hubiéramos tenido que pasar por Buenos Aires que de paz respirás poco.



*Los uruguayos conforman un pueblo lindo LINDO. Te atienden y tratan de lo mejor, auqnue usan un español raro. Me gustaron las frases: “pronto”, “ahí va”, “que pase bien” y “a las órdenes”. Pero lo que más me gustó es que en la calle te dejan pasar y no intentan atropellarte cual divertimento argento.

¡Volveremos!