Meteorología del demoño


Hoy estoy que trueno (?).

O sea, la meteorología es una ciencia. Los meteorólogos no es que se levantan a la mañana, miran para arriba y dicen “sí, hoy vamos a tener 35 grados”. No, señores. Tienen instrumental, acceso a imágenes satelitales, pueden hacer cálculos de proyección de vientos y movimiento de nubes, mapas de isoyetas y de precipitaciones, y todo tipo de cachivaches climáticos. Lo sé porque quise estudiar climatología y al ver que la base eran tres años de matemática, química y física desistí fácilmente.

Pues bien, todo esto a cuento de que los odio. No deben saber ni cuánto es dos por dos. Ayer por la noche pronosticaban para hoy 37 grados. Naturalmente dormí destapado, y me sorprendieron 7 grados a la mañana, casi tuve que llamar a emergencias por un principio de hipotermia. Ahora lo corrigieron y la máxima probable es de 27 grados. DIEZ GRADOS MENOS.

Encima hay unos pronosticadores locales y los nacionales. Que jamás se ponen de acuerdo. Si para los locales la máxima va a ser 20, para los nacionales va a ser 15. Y, muchachos, es una diferencia sustancial entre andar con poncho o con remera.

Lo peor es que no puedo vivir sin ellos. Si no miro el pronóstico antes de salir del departamento, siento que me va a caer un rayo por desprevenido. Los odio.