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Mostrando las entradas de septiembre, 2009

Sensible

Después de seis meses, este fin de semana recuperé mi afeitadora Phillips cool skin y después de usarla me largué a llorar de la emoción, no sé cómo pude estar tanto tiempo sin ella. Como no todo en la vida funciona como uno quiere, ahora lloro por la irritación facial que tengo. Apenas llegue a casa me meto a la bañera con afeitadora y todo, con esto se terminarán mis tribulaciones eternas.

El nuevo rock nacional

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En la red de trabajo apareció una carpeta denominada “música”. Adentro de ella, muchas otras carpetas con diferentes artistas. Como me parece hartante escuchar un disco entero de cualquier músico (excepto uno de Los Beatles, claro, o Way To Normal de Ben Folds), indagué una carpeta llamada “rock nacional - varios”. Onda, ponés esa carpeta y listo el pollo. Al abrirla me encuentro con los siguientes nacionales : La Zimbawe, Donald, Cristian Andrade, Claudio Basso, y Adrián y los Dados Negros (!). Apenas encuentre al degenerado que categorizó como “rock nacional” a todo ese cachivacherío de artistas berretas lo obligaré a escuchar en continuado la discografía completa del Chaqueño Palavecino y no pararé hasta ver un hilito de sangre. Mínimo.

Yoburt

Resulta que a mi pequeña le cambiaron la maestra en el jardín. Espero que la pequeña notita que mandé en el cuaderno de comunicaciones no haya sido determinante. Decía: “Estimada María, si no deja de escribir que Alu comió un “yoburt" voy a enviarle una nota a la directora del jardín para ver qué tipo de formación tienen las docentes de ahí. La palabra es yogur. Así de simple. Saludos”. Si volvía a leer “yoburt" no sólo la iba a denunciar, sino que estaba planeando algún tipo de humillación pública que incluyera orejas de burro, sogas, una camioneta, altoparlantes y un recorrido por la avenida Argentina.

Mini globalización

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La oficina está tan bien diseñada que cuando accionás el interruptor que está al lado de la puerta, no sólo se corta la luz sino que se quedan sin energía cinco de las siete computadoras. Entre ellas la mía, claro, no podía ser de otra manera. Pero no sólo eso. Cuando apagan la luz en la oficina de al lado, se quedan sin red todas las computadoras del sector. Ayer, luego de un incidente, le dije a la arquitecta que se ponga las pilas o que me obligaba a realizar una conexión clandestina para electrificarle su oficina. Hoy hay un ejército de electricistas sacando las más descabelladas conclusiones al respecto. Miran, dan vueltas, se agarran la cabeza y esbozan todo tipo de elucubraciones. Naturalmente, sin ningún tipo de resultados hasta el momento. O sea, está bien que el mundo está globalizado y eso. Pero ¿no podían de entrada gastar dos pesos más en hacer una conexión como Dior manda para no tener que andar puteando al pobre que viene a la oficina y sin querer se apoya en el interrup...

Prioridades de la vida

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Esta tarde salí presuroso al Rapipago a cancelar facturas de gas y luz muy vencidas, y con el ejército de técnicos de las empresas de servicios chupasangre afilándose los colmillos para venir a cortarme los servicios. Como me pareció que 10 personas en la fila era demasiado, salí de ahí y me compré una guitarra. ¿No es hermosa?