Hace mas o menos un mes vengo sufriendo el hostigamiento semanal de un engendro vil y atroz conocido también como mi vecino. Se trata de un sujeto que mora justo en el departamento de al lado y tiene como deporte quejarse de que Renato, mi pequeñísimo compañero de aventuras, escarba en la tierra de sus macetas. Como además de ser vil y atroz es un cobarde, manda notas por debajo de la puerta del tipo: “ver al gato, me rompió las plantas de nuevo”, o “tu gato sigue en mi balcón”, en lugar de tocar el timbre y explicarme en detalle la situación. Simultáneamente, anoche me puse a arreglar la porqueriza en la que se había convertido el balcón, y mientras ordenaba mi vecino me dice “hola”. Contesto a su escueto saludo y agrega “aprovecho para decirte que tu gato volvió a escarbar en una maceta”. Esta vez me asomo a ver la gravedad del asunto y veo una serie de plantas horrendas que deben haber sido traídas de las afueras de la periferia de la ciudad y dos gramos de tierra en el balcón. Ése ...