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Mostrando las entradas de diciembre, 2008

De madres y tecnología

Mi madre no es tecnófoba, pero la verdad es que con la tecnología tiene más problemas que los Kirchner con Cobos. En fin. Todo esto porque: -Le llega un mensaje al celular, lo agarra al grito de “hola… ¿hola?” -Manda mensajes de texto en blanco. La llamás para ver si pasó algo y te dice “estaba probando escribir”. Los mensajes llegan SIEMPRE en blanco. -Llama a casa pidiendo asistencia porque no puede imprimir, a lo cual pregunto: “che, está enchufada o prendida la impresora”. Naturalmente, el problema se soluciona prendiendo la impresora. -Me pide que le grabe música. “Llevate uno de esos CD que ya no escucho, así no tenés que andar comprando CDs nuevos…”. (?) -Hace unos días le grabé un CD compilado con música que me pidió. Era un CD de esos sin etiqueta. Lo escuchó y luego lo dio vuelta, para ver que tenía del “lado B”. Pero una genial es la de la mamá de mi amigo Diego: -Terminan de ver una película en DVD, la madre toma el control remoto y la empieza a pasar para atrás. “¿qué ha...

Meteorología del demoño

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Hoy estoy que trueno (?). O sea, la meteorología es una ciencia. Los meteorólogos no es que se levantan a la mañana, miran para arriba y dicen “sí, hoy vamos a tener 35 grados”. No, señores. Tienen instrumental, acceso a imágenes satelitales, pueden hacer cálculos de proyección de vientos y movimiento de nubes, mapas de isoyetas y de precipitaciones, y todo tipo de cachivaches climáticos. Lo sé porque quise estudiar climatología y al ver que la base eran tres años de matemática, química y física desistí fácilmente. Pues bien, todo esto a cuento de que los odio. No deben saber ni cuánto es dos por dos. Ayer por la noche pronosticaban para hoy 37 grados. Naturalmente dormí destapado, y me sorprendieron 7 grados a la mañana, casi tuve que llamar a emergencias por un principio de hipotermia. Ahora lo corrigieron y la máxima probable es de 27 grados. DIEZ GRADOS MENOS. Encima hay unos pronosticadores locales y los nacionales. Que jamás se ponen de acuerdo. Si para los locales la máxima va a...

Anarquía capitalista

En una aparente contradicción, no he conocido cosa más confusa en la vida que mi tarjeta de crédito. Además de ser más anarquista que Mijaíl Bakunin, se comporta de forma totalmente ciclotímica y bipolar. Por caso, estoy 25 días al mes sin saldo para operar. Cero. No puedo ni comprar chicles. De pronto, el día menos pensado y cuando ya me cansé de andar rastreando monedas por todo el departamento, la tarjeta está totalmente disponible. Ése día salgo y compro todo lo que me está haciendo falta desde hace semanas. Naturalmente, cuido que no se quede sin saldo. Pero así, de la nada, se queda sin límite para operar. Y me deja a pata nuevamente. Supongo que alguna explicación debe tener, y que está relacionada con las fechas de cierre, los pagos y esas cosas; pero no es algo que mi cabeza pueda entender. La odio con locura. Pero a la vez la amo porque me salva en momentos acuciantes. Pero la odio por anarca. La indecisión… no tiene precio.