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Mostrando las entradas de febrero, 2008

Digna mediocridad

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El escenario del conflicto (?) El sábado pasado se me ocurrió ir a hacer unas compritas porque durante toda la semana diversas tareas me lo impiden. Para ello atravesé caminando la parte central de la avenida Argentina, la principal arteria de esta ciudad de la Patagonia. Eran las 7 de la tarde. No caminaba NADIE por esta avenida, sin embargo desde el municipio se había dispuesto un corte que abarcaba siete cuadras. Reitero, un corte sin fines específicos en la principal avenida de la ciudad. Seguí caminando por el medio de la calle, completamente vacía. Si éramos 5 personas creo que exagero. Un despropósito. O sea, cortá la calle si hay 100 mil personas en el centro ¿no? Entré a Musimundo a preguntar por algo y me debería haber atendido un vendedor, pero en su lugar era un patovica que me increpó: “¿Qué necesitás?”. Ante tal tonito, le dije que nada y me retiré pensando “cómo puede ser que pongan a atender a clientes a un tipo así…”, y caminé dubitativo unos metros. Quise ir a otra ...

Y la banda no para de tocar

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Líneas telefónicas digitalizadas. Cablemódem. Wi-fi. Sin duda, la llegada de la banda ancha en cualquiera de sus modalidades nos ha traído a los usuarios un problema tremendo: cómo usarla ( A LA CONEXIÓN, SERÍA… ). Por ejemplo, citemos algunas cosas que esta tecnología del nuevo milenio nos ha legado: Bajamos discografías completas de las que sólo escucharemos 3 ó 4 canciones muy esporádicamente. Bajamos el software más ruin y horrendo sólo para probarlo. Obvio, jamás usaremos nada de eso. Bajamos películas siempre en un formato berreta, o dobladas en español de España o en italiano o húngaro. No sabemos qué bajar. Le empezamos a bajar cosas a nuestros padres, hermanos/as, primos primeros, primos segundos, abuelos, bisabuelos y choznos. Desvanecemos del odio cuando la tasa de bajada de archivos es ridículamente promedio. Queremos ir y quemar a nuestro proveedor por no poder bajar Las Aventuras de Piglet (?) en media hora. Nos registramos en todos los foros posibles para aprender trucos...

Lavado de yuyos

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Escrito a dúo con El Simio hace unas semanas y olvidado entre los borradores... Ya de entrada nos parece absurdamente ridículo que existan australopitecus delirantes que crean que con cuatro pastillitas pueden solucionar todos los problemas de su vida. Pero que encima existan micos descerebrados que ofrezcan grageas como si estuvieran en una feria de pulgas y crean ser empresarios del tercer milenio, supera nuestra capacidad de tolerancia a la estupidez humana. Lo peor fue ver cómo un amigo nuestro fue abducido por la pseudo-secta Herbalife, convirtiéndose, en el acto, en un fundamentalista de las plantas machacadas. En menos de seis meses dejó su trabajo como arquitecto e instaló en su casa una suerte de santuario macrobiótico, con estantes llenos de frascos de plástico. A ver... Quién cuernos puede ser tan palurdo para cambiar un laburo que le costó mas de cinco años, armar ese santuario infernal de yuyos repulsivos y deambular de casa en casa diciendo: “Hola, me siento fantástico, ...

Lontananza cercana y sorprendente

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El calor se instaló y parece que se queda unos buenos días más por estos lados de la Patagonia. En una tarde de semana, cansado de “oficinear” y con 34 grados sobre el lomo, decidimos con Loli y Savants irnos a los Acantilados de Las Perlas, un lugar que está a unos 15 kilómetros de la ciudad, completamente desconocido para mí. Cuando llegué, mi sensación fue de asombro total. Jamás pensé que un lugar tan lindo estaba tan cerca. Pasamos toda la tarde ahí y yo me sentí el pibe de 10 años que escalaba cuanta barda(*) podía. Fue genial. Dejo aquí algunas de las tomas de ése lugar increíble, y prometo ponerme las pilas con el blog que, pobrecito, cumplió un año el 9 de febrero ( ESTE FUE EL PRIMER POST ), y me olvidé completamente. En plena escalada, la típica foto de mano loliana de presentación. Los Acantilados de Las Perlas en todo su esplendor. Abajo corre diáfano el río Limay, a la derecha se ve algo del verde del Gran Valle de la Patagonia. El río y la pared del acantilado fotografi...

Del porqué odio las filas de cajero automático

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La foto no tiene nada que ver, pero está divertida. Creo que estos dogos hacen sus trámites más rápido que otras especies... 1) Siempre hay una vieja que se pone a investigar “cómo este asuntito del cajero”. A ver, señora, si quiere practicar con la tecnología, venga a la madrugada, por favor. No nos haga rehenes de sus acercamientos con el nuevo siglo. Gracias. 2) Siempre hay un infeliz que se pone a pagar TODOS los servicios disponibles en la vida y a apretar cuanto menú encuentre. A ver, palurdo, la idea es que podamos sacar todos plata de una forma rápida, no que vos hagas todos los trámites existentes de forma descarada. Sacá plata y andate a un banco, gracias. 3) Siempre hay una vieja en la fila que está delante o detrás de ti que empieza con una letanía de quejas por lo lento que avanza todo. A ver, señora, para quejas estoy yo. Si quiere emularme, se arma. Además tiene que salirse de la queja habitual de “uf, ay, qué lento esto” e inventar quejas más divertidas. Ejemplo: “Si...